La bio-moralidad y otros efectos del bienestar

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Aunque a algunos les cueste admitirlo, la salud es un tema que nos concierne, para unos por interés y para otros por preocupación e incluso angustia. Curioso que, entre los que se encuentran en plena forma, también se genera un cierto «sin vivir» mental, ante las advertencias por cuidar la alimentación, estar atentos a los nuevos súper-nutrientes, zumos, ejercicios y otros trucos rápidos y eficientes, que calmen la necesidad de sentirse sanos, por dentro y por fuera.

Cierta obsesión insana por la salud acecha en la mayoría de los rincones del planeta,  alentada por los medios de comunicación above y below the line, es decir, tanto en los clásicos formatos de prensa, radio y televisión, con mensajes dirigidos a la masa,  como en los nuevos soportes on line, más personalizados gracias a las cookies que sondean nuestros gustos y necesidades. Así, el estado de bienestar se presenta como un producto a consumir, una ideología, un estilo de vida, que permite identificar, segmentar y catalogar a los potenciales clientes. Y aunque algunos piensen todavía que cuidarse es un síntoma de vanidad y superficialidad, la mayoría ya tiene grabado en el inconsciente que un cuerpo sano promete aceptación, atracción, éxito y por supuesto, felicidad.

Pero como muchas otras doctrinas, hay un riesgo de volverse un poco radical, poniéndole límites al pensamiento, estrechando las miras y focalizándose en exceso exclusivamente en las cosas que percibe como buenas, y mostrando rechazo talibán hacia lo demás. Hasta ahí, cada cual que haga lo que quiera con su vida y con su cuerpo. Pero por muy contento que esté uno con su propósito de año nuevo, o su eterno combate contra la gravedad, no es quien para mirar mal o por encima del hombro al que no tiene los mismos intereses ni los mismos niveles de auto-exigencia.  Aunque sentirse bien es efectivamente un aspecto muy importante para abrirse puertas, nadie es quién para cerrarle las puertas al que por su constitución y/o gustos no persiga tanto los mismos objetivos.

Los estereotipos sociales y los prejuicios de la bio-moralidad están a la orden del día, pero ni ser delgado hace a uno más bueno, eficiente y triunfante, ni tener sobrepeso implica ser peor persona, vago y fracasado. De hecho, casi lo contrario, la obsesión por la salud puede terminar amargando y generando una vida insulsa, mientras unas curvas bien curtidas, cuánta felicidad transmiten.

 

© Rocío Torres

Publicado en La Opinión de Málaga, sábado 4 de febrero de 2017