Cumplir años

velasA medida que se va acumulando vida, a algunas personas les da por enfadarse con las manillas del reloj porque éste, indomable, sigue su curso ignorando los suspiros que le ruegan se detenga.

Para una interesante cuota del mercado, especialmente mujeres de una relativa edad temprana aún, el número de primaveras que llevan vividas se convierte en un dato que prefieren ocultar, por vergüenza y miedo a ser excluidas del canon de belleza y lozanía que, ellas mismas junto con la publicidad, han decidido establecer como referencia. Hay una frase rotunda y muy inteligente especialmente dirigida a todos aquellos que sufren por el paso de los años, que recuerda que la hermosura a los 15 años es natural, mientras que a partir de los 40 años se trata de una obra de arte. Una más, entre otras opiniones célebres, que apuntan cómo la genética por sí sola no asegura el triunfo eterno, sino la constancia, el cuidado y el respeto por uno mismo, son los verdaderos puntos gatillo o factores, que terminan trascendiendo más pronto que tarde, del alma al espejo.

Pero lejos de convertirse en una pesadilla, el hecho de ir añadiendo velas a la tarta es -como anuncia nuestra madre naturaleza- la mejor noticia que el cielo nos puede brindar: un nuevo número, por nuestra cara bonita, y para que hagamos con él lo que queramos. Llenarlo a pleno pulmón de experiencias, nuevas ilusiones, pequeños grandes sueños por cumplir, paciencia, sabiduría y mucho humor, o mirarse con el ceño fruncido, desconfiado y abatido. Si dicen que el virtuosismo en una profesión, se alcanza gracias 10.000 horas de práctica, un cada año nos obsequia con nada menos que 8.760. Y aunque de ellas, un promedio de 2.920 se dedican al descanso nocturno -sin contar con las siestas- aún queda mucho tiempo para invertir en nosotros mismos, para tomar las riendas y evolucionar hacia donde decidamos ir.

Dado que la fiesta de la primavera comienza cuando la fruta está curtida, estamos todos de enhorabuena, porque cumplir años nos invita siempre a un estadio superior de madurez, en la que elegimos con más esmero lo que nos sienta bien, las flores huelen mejor, y los amigos que siguen a nuestro lado son los que merecían estar. Confiar, cerrar los ojos por unos instantes, visualizar un deseo y soplar… mientras que sentimos a todos nuestros seres queridos bien cerca del corazón, son el mejor tratamiento de belleza para el alma, para ser eternamente, no sólo jóvenes, sino bienvenidos privilegiados a las cimas entrecanas de la plenitud.

© Rocío Torres

Publicado en La Opinión de Málaga, sábado 18 de febrero de 2017