Sumando negocios y valores

suma

El quid de la eterna cuestión del desarrollo económico se sigue presentando cuanto menos, engorrosa, más cuando se trata de pequeñas y medianas empresas, sea en entornos macro o muy especialmente en el lado más micro-cotidiano.

Por salud mental y una supervivencia digna, la disposición de apertura al «renacimiento empresarial» es determinante y ante todo necesaria, como fase clave en el laborioso proceso hacia un deseado crecimiento sólido y sostenible. Hoy en día, más que nunca, se busca con ahínco un «espacio ideal» local, regional y global, en el que los figurantes pasen a ser los verdaderos protagonistas, creadores ejecutivos de aquel imperio que un día soñaron sería la fuente de su felicidad y por supuesto, de su estado de bienestar.

Dejar de mirar por la ventanilla y remangarse, atreverse a comercializar en un entorno lleno de oportunidades, más reales de lo que parecen y accesibles, para cualquier emprendedor que tome la valiente decisión de salir de su caparazón, honestamente y a pesar de lo que digan que arrecie en la calle. Esa es sin duda la actitud que distingue al noble audaz del astuto de «medio pelo»: los valores y razones que le mueven a actuar y a contribuir no sólo al sustento de su familia sino al de su alrededor. No se precisa de grandes maniobras sociales de responsabilidad social, con foto de por medio, pero sí que se requieren consistentes dosis de coherencia en la gestión, el cumplimiento de la promesa comercial, la calidad del servicio o producto y el respeto al cliente, de principio a fin y vuelta a empezar. Lo bueno de las reglas del juego de los negocios, es que el tiempo se termina poniendo de parte del que construye su historia a base de valor, autenticidad y mucho trabajo, además de habilidades sociales que conecten. Por algo será el dicho asiático que avisa: «el hombre que no sabe sonreír no debe abrir tienda».

Cuando se avanza por el camino adecuado, las buenas compañías no tardan mucho en aparecer, y las malas, aunque también hacen el amago de aflorar, se auto-desechan pronto, como un castillo de arena, por su propia incompetencia. Las empresas con ética y vocación por lo que hacen, tienen en sus manos los hilos para entretejer conjuntamente un tapiz muy valioso y beneficioso para todos. Una red que genera negocio entre ellas mismas y con su comunidad local. Luego vendrá la regional y luego… luego serán capaces de conquistar el mundo entero.

 

© Rocío Torres

Publicado en La Opinión de Málaga, sábado 28 de enero de 2017