Industrializando la creatividad

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Si eran pocas las líneas de rendimiento identificadas en el horizonte para dar cobertura a necesidades y generar prosperidad en poblaciones enteras, el modelo visionario director, que no termina de bajar al escalón de la realidad y ponerse manos a la obra literalmente, insiste en el tema.

Con el nuevo milenio vino un frente fresco y creativo, lleno de modernidad, uniones europeas y otros tipos de fusiones, en prácticamente todas las esferas de la sociedad, desde políticas de gestión de empresas, reformas de marcos educativos y desarrollos urbanos, a veces para bien o mucho bien, y en otras ocasiones para subsanar presiones externas que poco tenían que ver con los valores defendidos. A fecha de hoy, el panorama mundial continúa restando oxígeno, y el cambio climático -en su arista más mercantil- no consigue saciar ni las expectativas más básicas de sus habitantes. Ante la amenaza de asfixia, se intensifica la llamada de socorro a la misma sociedad, apelando a un entusiasmo en masa que convierta la creatividad en el nuevo vapor de los ferrocarriles: una nueva revolución industrial en las que las ideas y su capacidad de ejecución, sean el motor tractor de la vida de cada cual.

Como un griposo impaciente porque los remedios de la abuela no le resucitan a la velocidad de internet, y con un equipo técnico I+D mileurista en el mejor de los casos, se pretende descubrir un tratamiento alternativo de nueva generación para hacer frente al cuadro crítico global que amenaza con otro repunte negativo en 2020; como consecuencia de las actuales goteras sin tratar y las prolongadas mermas en la línea de flotación socioeconómica, a la vista de todos. Por eso de ejercitar la imaginación, intenten pensar en el barco de Chanquete y el Titanic a la vez, con banda de música, pero encallado en mitad de una rotonda municipal.

Como el elixir que porta con su cuello y en un barril, el idílico san bernardo, para resucitar al que está de nieve hasta las cejas. Así se presenta la cultura en el contexto de activos financieros internacionales, como el botiquín básico de emergencia que alivie las dolencias inmediatas y de paso enmiende sus hábitos nocivos, antes de que se acaben los remedios y se apague la esperanza de una vida mejor, en la moqueta y en la calle. Cuando las ideas se contemplan como activos al alza en el mercado, se deja de ver al hombre como un ladrillo de la cadena de montaje, y se comienza a cotizar su alma creativa para la cadena de valor. Cada cual pondrá de nuevo su precio. Cuidado, que lo barato termina saliendo caro.

 

© Rocío Torres

Publicado en La Opinión de Málaga, sábado 21 de enero de 2017