Christmas y cestas en el polo digital

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Hasta no hace mucho tiempo, en estas fechas tan señaladas y esperadas del calendario, se tenía la costumbre de intercambiar christmas entre amigos y familiares, además de la fortuna de muchos, que recibían cestas de Navidad de colegas y responsables de trabajo que querían plasmar así su aprecio al destinatario, tanto personal como profesional.

Últimamente, sin embargo, la marea de la digitalización de los procesos, ha convertido al correo electrónico y al mensaje de texto -por citar sólo un par de ejemplos- en los nuevos reyes de la comunicación, trayendo a golpe de click numerosas ventajas como la velocidad, la practicidad y el ahorro de ingentes cantidades de papel, en pro del respeto al ecosistema, la tala de árboles y la prevención de la lluvia ácida. Paradojas de la vida, en la era pre-digital, las cuentas de resultados de muchas empresas eran menores, operaban en entornos menos globales, contaban con plantillas más amplias y practicaban las pagas extras, esas que ya sólo huelen los funcionarios y los jubilados.

En aquellos días de menos avance tecnológico, se respiraba -al menos en los meses de diciembre y agosto- prosperidad económica, en un contexto en el que se tenían más hijos y menos personas trabajando por unidad familiar. En las casas, la cesta de Navidad era un bien bastante común, ya fuese en formato humilde, embalado en una caja de cartón, o destilando alegría desde el papel celofán de un canasto de mimbre, con su asa, sus latas, mantecados y su vistosa pata de jamón, no importando tanto lo bueno que estuviese. Todo un símbolo de reconocimiento y agradecimiento por la lealtad y el desempeño, que reflejaba una cultura empresarial formal, humanizada y respetuosa, sin caer en paternalismos, atenta al bienestar del empleado y su familia, que recibía orgullosa el premio extraordinario a tantas horas de dedicación fuera del hogar.

Si el camino a Belén existe, y el polo digital es uno de los elementos estrella del portal de la reindustrialización de las ciudades, ya puestos en situación, habrá que pedir un deseo. Con el beneplácito de la agencia del medioambiente, entre las muchas ilusiones a cumplir, por favor, que continúe el papel en las vidas de las personas: los décimos de Navidad, los envoltorios de los regalos, las postales de felicitación, el confeti, las guirnaldas, los de la casa de moneda y timbre, los libros, los periódicos… y las cajas de embalar -con surtidos autóctonos en su interior- para compartir en la mesa de Nochebuena.

Postdata para empresas:  por muy bonita que sea y tenga las tapas de piel, una agenda no aplica al concepto entendido aquí.  Feliz Navidad para todos. 

© Rocío Torres

Publicado en La Opinión de Málaga, Sábado 24 de diciembre de 2016