El desfiladero de los deseos

Red theme Save the date with a Happy New Year, January 1, block calendar. Hay un lugar al otro lado del almanaque, justo al borde de las enjutas, en el que se encuentran, como las montañas imponentes de un desfiladero, los dos extremos del año: el cansancio del último de diciembre, que desea finalizar su labor, y las promesas de aire fresco del primer día de enero. Comienza la cuenta atrás del reloj en todos los rincones del planeta, dando una vez más la última oportunidad -como a la cenicienta más ingenua o al Quijote más soñador- para aferrarse a la ilusión de lo nuevo, con ropa interior roja, copa de champán en mano, antifaz, matasuegras y todo lo que haga falta; para armarse de valor y de paso dar esquinazo a la sombra de los sueños que se han roto por el camino y a la pena por aquellos que nos han adelantado en el caudal que tarde o temprano nos lleva a todos al mismo lugar. Porque la lista de los deseos, al igual que el calendario, aguanta todo lo que puede en el papel, hasta que llega un momento en el que hay que saber decirle adiós, porque el tiempo lo ha vencido y no da más de sí.   Cuidarse más, aprender cosas nuevas, tener más actitud y menos miedo, ser más creativo, salir de la zona de confort, dejar hábitos y gente tóxica, atreverse a romper con las excesivas auto-exigencias, dormir más y pensar menos, son algunos de los principales propósitos que encabezan la lista de la Noche Vieja cuando se roza la medianoche. Cada cosa tiene su momento, su función, su ilusión y su motivación, pero también su sacrificio, ya que para que dar paso a lo nuevo, hay que tirar algún fósil que deje espacio, ya sea físico temporal y/o emocional. Si no, el acumulado llega a tal volumen que termina en agobio, descuido y culpa. Realmente se puede llegar a ahorrar bastante, económicamente y en frustraciones, teniendo presente la ecuación, contraria a la tentadora recomendación de Ivana Trump «no te quedes con las ganas, quédate con todo». El desfile de deseos que se antojan para el año que comienza, cumplirá su objetivo de manera más factible si se ciñe a esta sencilla premisa: elegir y priorizar lo que realmente hace feliz, e ir a por ello con decisión, pasión y constancia para que termine convirtiéndose en realidad, siempre y cuando se ponga claridad en el foco y se persiga con perseverancia. El quid de la cuestión será dejar de pensar tanto en lo que no se quiere, y atreverse a soñar, visualizando una vida plena y dando los pasos hacia ella con valentía. © Rocío Torres Publicado en La Opinión de Málaga, sábado 31 de diciembre de 2016