PARÁBOLA MODERNA DEL TALENTO

Talento

Era su último año de clases y una autopista de oportunidades se abría ante sí. Ya había experimentado en primer grado, a lo largo de su todavía corta existencia, las actividades que se le daban especialmente bien y las que le costaba un mundo. Había algunas materias, que incluso las realizaba con brillantez sin darse cuenta, como un reflejo instintivo y natural, que superaba con creces a la media del resto de sus compañeros, aun cuando estos no lo reconocían ni ponían en valor. Sin embargo, había otras tareas que le frustraban enormemente, le frenaban, le consumían la motivación, las ganas, e incluso minaban su propia autoestima.

Consiguió su objetivo, disfrutó por unas horas el intenso sabor del éxito y finalmente se retiró a dormir. En las semanas siguientes recibió la acreditación oficial que daba fe -con fecha, lugar y testimonio institucional- su aptitud para desempeñar las competencias en las que le habían entrenado, y las guardó con mucho cariño en un lugar reservado de su dormitorio.

Embriagado por el privilegio del tiempo libre recuperado, se auto-premió con una temporada sabática, un merecido descanso, que finalmente se alargó un poco o mucho más de lo planificado. Paralelamente, el mercado profesional se presentaba cada vez más trabajoso y hostil. Unos cuantos sinsabores descorazonadores y concatenados, anclaron en su presente aquellos bajos momentos del pasado, en los que se sentía torpe y perdía la confianza en sí mismo. Poco a poco, sin darse cuenta abrió la puerta a la desidia, que se instaló en su sofá, junto a la queja, y ambas se hicieron las dueñas de su joven vida. Los músculos de su cuerpo fueron perdiendo tono y empezaron a generar dolencias, hasta que le causaron tanto malestar que le obligaron a acudir al médico, con la esperanza de que hubiese una pastilla que calmase el sufrimiento. Pero por sorpresa, el doctor no supo diagnosticarle el origen físico de su aflicción, así que le mandó más calma y reposo. 

Salió de la consulta apesadumbrado, en el preciso instante en el que se cruzaba un antiguo compañero de estudios. Le llamó la atención el hecho de que, a pesar de haberle considerado en su momento uno más del medio y del montón, con un expediente menos brillante que el suyo, ahora le veía mucho más vital, radiante e incluso de mayor altura. Poco más de un año había pasado ya desde el final del curso, cuando había decidido sentarse, descansar y esperar que el destino llamase a su puerta, como si éste supiese dónde se esconden los títulos y el talento. Mientras, su modesto compañero había invertido su tiempo en buscar un buen traje e imprimir unas tarjetas de visita en las que se viese bien claro a qué quería dedicar su vida laboral.

Aunque sería necesario recabar más información sobre cada uno de nuestros protagonistas, para poder emitir un juicio de opinión objetivo, completo y constructivo; con los datos de esta narración ficticia pero cotidiana, adivina a quién le dará más fruto su talento ¿al que nace con él o al que se hace con él?

© Rocío Torres

Publicado en La Opinión de Málaga, sábado 8 de septiembre de 2016