LAS IDEAS NO VALEN NADA


Con esta frase memorable como epicentro de su discurso amateur, un joven recién licenciado le espeta persuasivo a un grupo de emprendedores la premisa eliminadora del miedo cauteloso, ese que nos protege de cometer tonterías, y les invita a que le cuenten en detalle su modelo de negocio, su sueño empresarial con el cual aspiran a desarrollarse en el mundo profesional a la vez que resolver sus necesidades económicas para disfrutar de una vida de calidad.

En su maletín de piel -heredado probablemente de un familiar- el logo de una prestigiosa escuela de negocios grabada a fuego. Cubre sus inseguridades vestido con su patrón ideal de ejecutivo moderno en el que las camisas de cuadros encuentran compatibilidad con las corbatas y los zapatos de ante. El profeta con carrera universitaria parafrasea como un papagayo borracho de palabreríos comerciales baratos, enunciados demoledores promovidos por un peligroso espécimen escondido en aulas y salas de conferencias, que está dispuesto a vender su alma al diablo por ser reconocido como «coach» o «gurú» del mundo de la empresa entre sus pupilos, a costa de lo que sea.

Con el título bajo el brazo, las hormonas en ebullición, la cabeza llena de sueños visionarios, modelos teóricos, consejos «sin ánimo de lucro» y algunos pajaritos típicos de la edad, es fácil caer en el juego de la prepotencia, para qué nos vamos a engañar. El consultor junior, aún vive feliz en su ignorancia, al no haber probado -afortunadamente- en sus carnes cómo saben realmente todos esos conceptos y juicios de valor, abordados de forma precipitada, tajante y excluyente. Se trata de una dinámica de pura imitación de lo que ven a su alrededor, de empresarios y ejecutivos rapaces, fusiladores de ideas al acecho del próximo pelotazo, aunque no dure ni una temporada.

Bajo la piel consejera y «honesta» del cordero, se puede encontrar el lobo de Wall Street más hipster y locuaz, con seductores sermones sociales, participativos y beneficiosos para todos, especialmente para su buche hambriento de plata y ego. La alarma está en la ciudad querida y tierna alma de caperucita carmesí, así que mejor cuida bien de tu cesta y llévala a un lugar seguro, donde tus ideas de negocio crezcan lo más felices posibles y te colmen de alegrías con sus frutos. Atenta a las señales de los nuevos aprendices de perro salvaje, pero no te preocupes, no temas, son fáciles de abatir a base de preguntas, ya que detrás de tanto ladrido no queda mucho más discurso y sus palabras grandilocuentes tienen menos sustento que un castillo de naipes. Aléjate de quien te diga que tus ideas no valen nada, porque hay mucha necesidad en la calle, de ellas.

© Rocío Torres

Publicado en La Opinión de Málaga, sábado 24 de septiembre de 2016