EL ALMA EN FIESTA

lunares

Comienza la semana grande del verano, con el 15 de agosto como bandera y millones de desplazamientos, festejos, tintos de verano, carricoches, platos típicos, bailes y farolillos, en un formato futurista, masificado y comercial de aquella fiesta typical spanish que plasmó aquel Hemingway aún novel.

Con la fiesta católica de la Asunción -que no Ascensión- de la Virgen María como pretexto, junto a otras muchas patronas locales como Nuestras Señoras de Begoña y Batuarque, las Vírgenes de la Paloma, la Candelaria o la de los Reyes; el portón de la caseta más pagana abre su cancela, su barra y su tablao a todo aquel que quiera quitarse las penas y el calor a golpe de zapateos y brindis, para endulzar la huella de los sacrificios del año, compartir sueños y propósitos determinantes para la vuelta de las vacaciones, o simplemente borrar por unas horas el acecho de su fin.

Muchos y diferentes motivos llaman a la persiana de nuestra alma, aletargada por el sopor natural de la estación, para que despierte, se peine y se ponga su mejor traje, porque el sol ha comenzado a ser más amable y aún es tiempo de disfrutar de la fresquita en manga corta. Entramos en la traca final del verano, y esta semana será para muchos de nosotros la última oportunidad del año para alargar las tardes despreocupados hasta el anochecer, observar la suave promesa del horizonte, teñido de colores pastel, y confiar desde la calma que todo va a irnos la mar de bien.

Una invitación en toda regla a rescatar la versión más genuina de nuestros corazones, en la que podemos disfrutar como chiquillos, y recordar con ellos, que cada día es un lienzo en blanco, una sábana impoluta y fresca, tendida aún al aire, con pinzas de madera que le dejan sacudirse con libertad y le protegen del riesgo a mancharse. Pero lo mejor de todo es saber que podemos agarrar esa sábana, pintarle unos lunares surrealistas retando al mismísimo Picasso, rizarle los bordes y hacernos un traje flamenco en toda regla, a nuestro gusto y estilo, lleno de volantes listos para subirse a la noria de la vida y reír hasta que se nos salten las lágrimas de alegría, aunque esta parezca efímera, como el clavel que adorne nuestra estampa.

© Rocío Torres

Publicado en La Opinión de Málaga, Sábado 13 de Agosto de 2016