LA ILUSIÓN EN TIEMPO PRESENTE

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La expectativa es el arte de anticipar situaciones que aún no han sucedido, trayendo al presente hipotéticos acontecimientos del futuro irreales, que aún no existen, salvo en nuestra cabeza. A la mente le encanta escabullirse de sus tareas cotidianas y evitar hacer frente al presente, refugiándose en ensoñaciones idílicas del pasado, cuando no en quinielas sobre el devenir del futuro. De todo, antes de centrarse en el aquí y ahora, jugar con responsabilidad las cartas que el presente nos reparte, y hacer camino al andar de la mano de nuestra atención plena o «mindfullness».

La continua recreación mental del ayer, puede dejarnos anclados -consciente o inconscientemente- en el «cualquier tiempo pasado fue mejor», y aunque resulte útil para recordar aprendizajes vitales y para no olvidar a los seres queridos que ya no nos acompañan físicamente, no debe dejarnos atascados mirando hacia atrás, ya que -como reza la enseñanza bíblica- tenemos un alto riesgo de convertirnos en estatua de sal y desaparecer entre los vientos de la melancolía.

Igualmente, planificar el futuro puede fortalecer la motivación permitiéndonos ver más allá de nuestras narices y marcar la orientación de nuestras acciones, pero también puede exasperarnos al dejarnos caer en las redes de la impaciencia por traer ya nuestro deseo a la realidad, o por sumergirnos en una fatalidad adelantada en el tiempo. Para entendernos mejor, si pensamos por un momento en la línea del futuro con dos extremos, en la parte izquierda tendríamos las expectativas más negativas y en la parte derecha las positivas. Por tanto, el miedo estaría en el polo izquierdo, dando pie a la anticipación de los peores sucesos que nuestra mente pueda imaginar, tipo «todo va a ir fatal», «terminaré perdiendo mi empleo» y otras muchas alegrías para nuestro descanso nocturno; y en el polo derecho tendríamos la fe y la ilusión, al visualizar con esperanza situaciones que aliviarán consistentemente nuestra existencia, alentando las recompensas del cruce del desierto.

Ambas situaciones hipotéticas, tienen la misma posibilidad de acontecer, ya que son preludios de la mente, construidos en muchas ocasiones a partir de algoritmos basados en experiencias propias previas, en casos cercanos de nuestro entorno, o tal y como explica actualmente la psicogenealogía, porque así sucedió a nuestros padres, abuelos y otros miembros del árbol genealógico.

Y a igualdad de condiciones de probabilidad de ocurrencia, ¿por qué no cerrar la puerta a los fantasmas del miedo, y abrir las ventanas a la ilusión? Al menos así, mientras que esperamos su llegada a nuestra puerta, sufriremos menos y nos haremos la vida más agradable y llevadera, encarrilando la «pre-ocupación» hacia una ocupación elegida y consciente, que terminará por aportar semillas más afables y prósperas.

© Rocío Torres

Publicado en La Opinión de Málaga, Sábado 25 de Junio de 2016