LA ESTACIÓN DEL AMOR

flores

La primavera es la estación del renacimiento de nuestra flora y fauna, la explosión de la vida en todos sus formatos, seamos plantas, animales o personas. Tras la hibernación llega la calidez de las numerosas horas de luz, que revitalizan y estimulan hasta al ser más inerte, despierta los sentidos – aun pagando el peaje de las alergias- y deja al descubierto nuestros cuerpos, despojándolos de ropajes para ventilarlos -todavía blancuzcos y algo pudorosos- al sol.

De alguna manera, la esperanza también renace en todo este proceso cíclico anual, como efecto natural de la alteración física y química que tanta condensación de partículas y luz genera en nuestra sangre. Y de esta manera, la ilusión se entrega en los brazos de las hormonas segregadas por nuestro cerebro y sus neurotransmisores, estremecido ante tan bello marco. La fiesta improvisada de endorfinas, dopaminas, serotoninas, norepinefrinas, oxitocinas y otras muchas sustancias neuroquímicas, montan un sarao en toda regla, cual levantamiento del 2 de mayo – y otras muchas rebeliones, sublevaciones y batallas que han acontecido en nuestra historia, curiosamente en el mismo mes- haciéndose con el trono de nuestras emociones.

El amor, se identifica con esa luz que emana de nuestro interior, de nuestra actitud abierta hacia la vida y al afecto, a pesar de que la Real Academia de la Lengua Española lo acote a un «sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser». El verdadero, real y duradero, es una expansión de nuestro amor propio, es decir, fructifica, se irradia y contagia cuando estamos bien con nosotros mismos, pero condena cuando depende del otro y deja perder su libertad.

Hay diferentes formas de querer, desde el deseo posesivo al erótico, pasando por el fraternal hasta llegar al más incondicional y productivo por antonomasia: el concebido por una madre.  El amor puede ser visionario, creativo, físico, material, efímero, eterno, bello, bruto, constructivo, agotador, artístico, plástico, idílico y mucho más. Lo importante es vivirlos de corazón y con dignidad, con los 5 sentidos y en cada estación del camino.

© Rocío Torres

Publicado en La Opinión de Málaga, Sábado 30 de Abril de 2016