PADRE E HIJO

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En pocas ocasiones coinciden tantas festividades arraigadas en nuestra cultura local, como las que acontecen este fin de semana: el 19 de marzo, Día del Padre y el Domingo de Ramos, cuya fecha varía para coincidir con el domingo anterior a la primera luna llena posterior al Equinoccio de Primavera.
Ambas festividades, aferradas a la cultura cristiana apostólica romana, vienen este año miren por dónde, contiguamente la una detrás de la otra, tal cual Virgen que sigue a su Cristo: el día de San José – y día del padre en algunos países como España-, padre putativo de Jesús de Nazaret; y el día más alegre y multitudinario en que se vitoreó a su hijo, aclamado triunfante entre palmas y olivos al cruzar las puertas de Jerusalén a lomos de su borrica, personificando el anuncio de paz y nuevos tiempos.
Y al igual que San José contemplaría orgulloso los logros de su hijo desde pequeño, Jesús le alabaría a su querido padre – adoptivo según las Santas Escrituras- el cuidado y el sustento que aportaba al hogar, intentando corresponder honrosamente a tales atenciones y manifestaciones de amor.

Desde mediados del siglo XX, al calor del modelo emergente comercial, comenzamos a celebrar en familia el valor de la figura paterna – hasta entonces sólo se le procesaba el homenaje a la madre- para reconocer su labor criadora y educativa en nuestra concepción y desarrollo como personas de provecho. Así, hoy millones de hijos conmemoraremos nuestro más profundo agradecimiento a nuestro padre, por haber hecho todo lo posible, todo lo que estaba en sus manos, para darnos todo lo que él tuvo -o no tuvo-, contribuyendo en primer grado a la versión mejorada de él mismo, en su propósito de proyección evolutiva existencial. Hemos crecido atentos a sus consejos y directrices, respetando la jerarquía invisible, cual esponjas de mar que se nutren de todos los elementos que les facilita el medio en el que habitan: alimentarios, intelectuales, experienciales, actitudinales y mucho más. Siempre llevaremos con nosotros su genética, sus gestos, valores, patrones conductuales y otros automatismos heredados de generación en generación, con cariño y comprensión, de manera que podamos tenerlos presente integrándolos con nuestra propia personalidad.

Como broche de este glorioso fin de semana, el lunes llegará oficialmente el equinoccio de la primavera, símbolo por antonomasia del renacer y la renovación, encajando más que nunca en fechas con el dicho «Domingo de Ramos, quien no estrena, no tiene manos». La naturaleza sabia, marcará el son de nuestros pasos en esta, esperamos, muy feliz Semana Santa para todos.